La familia tradicional no puede seguir siendo la guía para el diseño y aplicación de políticas públicas, pues ya no es la más representativa

  • Los hogares formados por parejas con hijos se han reducido en las últimas décadas, mientras que las parejas sin hijos, los hogares unipersonales y las familias extensas son los que mayor crecimiento registraron
  • 4 de cada diez hogares nucleares, las mujeres han dejado de ser amas de casa de tiempo completos para ingresar al mercado laboral (39.7%)
  • En uno de cada diez hogares nucleares con o sin hijos, las mujeres son el principal aporte económico al ingreso del hogar
  • La jefatura femenina ha aumentando en los hogares de parejas con y sin hijos, en familias extensas y los hogares compuestos.

Reconocer la diversidad de arreglos familiares para evitar discriminaciones y garantizar los derechos de todos sus integrantes por el Estado, las empresas, las organizaciones sociales y las propias familias, propusieron especialistas.
El desafío, aseveraron, es generar acciones que favorezcan que las familias sean un lugar regido por el derecho y la justicia, manteniéndolo como un espacio para la intimidad y el afecto, libres de cualquier forma de violencia

Entre 1990 y 2005, los hogares constituidos por parejas con hijos se redujeron casi 8 puntos porcentuales al pasar de 57.8 a 50%, mientras que las familias extensas, las parejas sin hijos y los hogares unipersonales registraron incrementos en el mismo periodo. Los hogares unipersonales de 5.4 a 7.6%, las parejas sin hijos de 6.7 a 8.6% y las familias extensas pasaron de 17.3 a 22.5%. 

Casi el 40% de los hogares con parejas con o sin hijos, las mujeres han dejado de ser amas de casa de tiempo completos para ingresar al mercado laboral y contribuir económicamente a sus hogares, además de continuar el cuidado y crianza de sus hijos e hijas, es decir en 4 de cada diez hogares.

Asimismo, la tasa de jefatura femenina aumentaron entre 1990 y 2000 en las familias con parejas sin hijos (8%) y con hijos (4%), en los hogares monoparentales (85.8%), extensos (32.8%) y compuestos –integrados por familiares y no familiares- (35%). Cabe subrayar que estos incrementos en algunas entidades pueden ser muy importantes: por ejemplo, la jefatura femenina en hogares con parejas sin hijos en el Distrito Federal, pasó de 2 al 11% en ese mismo periodo, lo que significa que se cuadriplicó.

Además, destaca el incremento observado de las familias donde la mujer es la principal aportante al ingreso familiar en áreas urbanas, al pasar de 6.8% en el año 1990 a 11.3% en el 2000; este aumento es más intenso en los hogares de parejas sin hijos donde pasó de 10.7 a 16.5% en el mismo periodo, y resulta relevante en parejas con hijos que va de 6.1 a 10.3% (datos y estimaciones con base en Censos de Población 1990 y 2000, y Conteo de Población, 2005).

Así lo presentaron hoy especialistas de diferentes organizaciones civiles y académicas agrupadas en el Observatorio de Familias y Políticas Públicas y la Coalición “Las familias somos...” en el marco de la jornada de actividades Contra la violencia:¡Democracia en las familias!, realizada en el Centro Cultural Indianilla de esta ciudad. Aseguraron que estas nuevas tendencias en la conformación de los hogares da cuenta de las transformaciones familiares y de la diversidad de arreglos residenciales existentes en nuestro país, por lo que la familia tradicional no puede seguir siendo el parámetro de las políticas públicas.

De acuerdo a las y los expertos en el tema, otros fenómenos emergentes observados en las familias que derivan de los cambios en los roles de género y las relaciones intergeneracionales, así como al desmantelamiento de la protección social y la precarización del empleo, son: el alargamiento de la estancia de los hijos jóvenes en los hogares; el incremento de las familias con adultos mayores; la persistencia y en algunas regiones el aumento de madres adolescentes; la reducción de tiempo y del número de integrantes para la crianza de niños/as, el cuidado familiar en general, y la atención de enfermos y de personas con discapacidad; así como las dificultades para dar los requerimientos psicoemocionales y de transmisión de saberes a las nuevas generaciones por la incompatibilidad entre la vida familiar y laboral.

El desafío, aseveraron, es generar acciones que favorezcan que las familias sean un lugar regido por el derecho y la justicia, manteniéndolo como un espacio para la intimidad y el afecto, libres de cualquier forma de violencia.

Los especialistas de las organizaciones civiles y académicas coincidieron en asegurar que resulta urgente hacer visible, reconocer e incluir en las políticas públicas la diversidad de arreglos y tipos de familias que coexisten en nuestras sociedad; garantizar los derechos humanos de sus integrantes y hacer co-responsables al Estado, las empresas y la comunidad en el desafío del cuidado, la crianza y la protección de sus integrantes, en especial de la infancia, las y los jóvenes y las personas adultas mayores, sobre todo ahora en contextos de crisis, precariedad económica y de servicios públicos disminuidos.

Asimismo, algunas ponentes aseguraron que promover la democratización de las relaciones familiares puede contribuir a eliminar las causas estructurales de la violencia familiar, presente en muchos hogares.

Durante la conferencia magistral, Lourdes Colinas, investigadora en CEPAL y coordinadora del Grupo Inter-agencial de Género del Sistema de Naciones Unidas en México, aseveró que pese a los avances en el tema de equidad de género en México, aún quedan diferentes estadios por alcanzar, entre los que se encuentra la armonización del ámbito productivo y reproductivo. Explicó que el incremento en la tasa de participación laboral de las mujeres, así como los cambios demográficos (principalmente el crecimiento de los hogares monoparentales, el cambio del modelo de un solo proveedor y la disminución en la tasa de fecundidad)  ha traído consigo nuevos desafíos en la organización del mundo laboral y en la distribución de tareas domésticas y de cuidado, retos que requieren políticas de conciliación entre la vida familiar y laboral, y entre la economía de la producción y reproducción, dirigidas a hombres y mujeres, e impulsadas tanto por el Estado como por las empresas y los diferentes actores sociales.

En el Panel “Familias: Transformaciones, género y democracia”, Guadalupe Ordaz de Incide Social A.C., destacó entre los cambios en las familias, la sobrecarga de tareas para las mujeres, el desempleo particularmente masculino, la precariedad laboral, las tensiones para conciliar vida laboral con vida familiar, a la par de los avances en materia de derechos humanos. La ponente aseguro que si estas transformaciones coexisten con múltiples fenómenos de desigualdad, pobreza, discriminación, déficit de ciudadanía, fragilidad de las instituciones y débiles políticas sociales, entonces la “solución” de los problemas de la equitativa y justa distribución de las cargas de trabajo doméstico, del tiempo, del poder, de la autoridad y los recursos familiares, quedan limitados a la negociación privada, en la que los avances en materia de democracia, derechos humanos y equidad de género y generacional quedan sin efecto, sin el respaldo legislativo y estatal y en las que las empresas y el Estado se autoexcluyen.

Por su parte, Leticia Cuevas de la Coalición, integrante de “La familias somos...”, presentó una mirada crítica al Modelo Nacional de Educación Familiar impulsado en el sexenio de Fox y a la Estrategia de Fortalecimiento Familiar, desarrollada por el DIF-Nacional en este sexenio, en donde el gobierno federal busca la transversalización a nivel público, privado, social y familiar de la llamada “perspectiva de la familia”, para sustituir a la perspectiva de género en las leyes y políticas públicas, lo que constituiría, afirmó, un grave retroceso; lo anterior con base en un monitoreo realizado por la organización civil Equidad de Género: Ciudadanía, Trabajo y Familia.

Asimismo, Beatriz Schmukler, investigadora del Instituto Mora, propuso frente a la violencia hacia las mujeres en los espacios familiares, la construcción colectiva de actitudes que estimulen relaciones basadas en la  democracia en la intimidad, mediante la cual se  movilicen emociones y se conformen alternativas sociales que nos permitan  reconocer y reconstruir modos de vinculación autoritarios y de dominación - subordinación entre los géneros y las generaciones en las familias. La ponente aseguró que en estas  reconstrucciones van surgiendo respuestas alternativas basadas en el diálogo, la equidad y los derechos humanos. 

En los talleres, María Jiménez por Democracia Familiar y Social,  A.C., explicó que el debilitamiento de la cohesión social en muchas comunidades tiene que ver en gran parte con el aumento de empleos precarios, la falta de seguridad social; e incremento del desempleo y de las desigualdades en la distribución de los recursos sociales y dentro de las familias. Estos cambios plantean transiciones y crisis de las relaciones familiares, principalmente haciendo que la violencia recaiga en mujeres y niñas, niños. Frente a esto, propuso reconocer los arreglos y acuerdos implícitos que tenemos en nuestras familias y reflexionar sobre los mismos, para la construcción de nuevos contratos que se adecuen a los cambios de identidades y nuevas prácticas  de cada miembro. Asimismo, Laura Breña por Incide Social, planteó la necesidad de impulsar un diálogo abierto sobre el tema de la violencia familiar como un mecanismo para su prevención y atención, que rompa además la “naturalización” que se hace de ella por nuestra cultura. 

Finalmente, Lilia Monroy, integrante de Incide Social, aseguró que existen contradicciones y conflictos que las familias experimentan cuando alguna de sus integrantes tiene una sexualidad disidente (lesbiana, bisexual o trans), y que ello se genera por una serie de “supuestos” inmersos en el modelo de la familia tradicional, que incluye la presunción de heterosexualidad obligatoria; modelo que se rompe ante la sexualidad diferente de su pariente  Frente a ello, las reacciones contradictorias de apoyo y rechazo, de confusión, desconcierto y discriminaciones, de respeto e intentos de disuadirla o cambiarla, se enmarcan en el dilema de cómo mantener al mismo tiempo el afecto a su pariente lesbiana y la norma homofóbica que la excluye de la vida familiar. 

Se presentaron, además, la exposición ¿Cómo la ves? Infancia y televisión y un documental sobre la influencia negativa de la televisión en hábitos alimenticios y la salud de niños y niñas, realizados por el Instituto Mora; y un video educativo sobre la diversidad familiar presentado por la Coalición “Las familias somos...”